Capítulo 4: Una promesa rota y un nuevo camino (Parte 2)
A la ma?ana siguiente, desperté con hambre. Durante una semana, sobreviví robando lo necesario y llorando cada noche en silencio. Hasta que un día, unos guardias me capturaron y me llevaron a una prisión de alta seguridad. La celda era fría, oscura, y parecía imposible de escapar. No me daban comida ni agua, y el insomnio me consumía. A veces, los guardias descargaban su ira en los prisioneros; otras, conversaban entre ellos sobre un experimento que realizarían a escondidas del Gobierno, buscando alguien sin magia.
Al escuchar esto, comprendí que era el candidato perfecto. Cuando tres guardias se acercaron con una caja y una jeringa, no dudé: rompí mis cadenas, los maté y tomé sus armas. Inyecté la jeringa a uno de ellos y salí corriendo. Cerca de la salida, vi una bestia mágica creada con la jeringa: su poder era inmenso y estaba destinada a causar caos en la prisión. Mientras ella servía de distracción, logré escapar.
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Volví al callejón donde había llorado días atrás. Golpeé la pared con todas mis fuerzas, cada golpe un recordatorio de lo que había perdido. La carta de Luneth seguía en mi bolsillo, el último hilo que me unía a su voz y su existencia. Buscando algo más entre la basura tratando de encontrar algo de comer ya que estaba hambriento, encontré una máscara con un ojo fragmentado. Al ponérmela, sentí una profunda melancolía, como si me hubieran arrancado otra parte de mí.
Salí del callejón y vi a dos sujetos con máscaras similares, menos desgastadas. Los seguí sin pensarlo, hasta llegar a un edificio imponente. Los vi colocar sus máscaras sobre un mostrador para verificación, y decidí hacer lo mismo. Para mi sorpresa, la mía fue aceptada y me dejaron pasar. Con la espada de Luneth en mis manos, me dirigí al ascensor que se dirigía hasta el subterráneo, y al entrar sentí una cálida sensación que me hizo temblar. Frente a mí, una mujer de cabello plateado y ojos morados me observaba, hipnotizante. Me recompuse y la saludé, mientras ella comenzaba a explicarme, con calma, todo lo que me esperaba a partir de aquel momento.

