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Capítulo 71 — Cuando la Primera Señal Cae del Cielo

  El Crepúsculo no volvió al silencio.

  No podía.

  Desde que Syra salió de la grieta, el valle entero quedó con la misma sensación que deja un rayo después de caer demasiado cerca:

  esa electricidad áspera, que no quema…

  pero tampoco deja respirar igual.

  Syra no había dicho una palabra desde entonces.

  No porque estuviera perdido.

  Sino porque estaba escuchando.

  A sí mismo.

  A la espada dormida.

  Al mundo que, por primera vez, lo estaba mirando de vuelta.

  Yo caminaba a su lado.

  No delante.

  No detrás.

  A su lado.

  El Crepúsculo cambió de color por tercera vez desde que él despertó la espada:

  del azul profundo al blanco tenue…

  y luego a un gris suave que parecía contener un presentimiento.

  Syra finalmente habló:

  —Ashy… ?tú también sientes esto?

  —Sí.

  Y no me gusta.

  él apretó la empu?adura.

  —?Qué es?

  Respiré hondo.

  Era la primera vez que lo sentía así desde que existo.

  —Llamado.

  Pero no el tuyo.

  Es el llamado del mundo… hacia ti.

  Syra frunció el ce?o.

  —?Qué significa eso?

  —Significa que alguien —o algo— acaba de sentir que despertaste.

  La luz del Crepúsculo parpadeó dos veces.

  No como un brillo.

  Como un aviso.

  El aire tembló.

  Las rocas vibraron apenas.

  Y desde lo alto… algo cayó.

  Pero no como una estrella fugaz.

  No con calor.

  No con fuego.

  Cayó como un fragmento de silencio.

  Un trazo oscuro cruzó el cielo, doblando la luz a su paso, hasta estrellarse contra el suelo a unos metros de nosotros.

  Sin explosión.

  Stolen from its rightful author, this tale is not meant to be on Amazon; report any sightings.

  Sin ruido.

  Solo un impacto seco que abrió una grieta perfecta en la tierra.

  Syra dio un paso al frente.

  —?Eso es…?

  —No te acerques todavía —dije, extendiendo mi luz para medir el pulso—.

  Esto no es un enemigo.

  Tampoco un aliado.

  Es… una se?al.

  La grieta recién formada brilló por dentro.

  Un color extra?o.

  Ni azul.

  Ni rojo.

  Ni blanco.

  Un color que nunca antes habíamos visto.

  Syra entrecerró los ojos.

  —No parece peligroso.

  —Lo es —respondí—, pero no por ataque.

  Es peligroso porque te está reconociendo.

  El brillo dentro de la grieta empezó a ascender.

  Una figura.

  Peque?a.

  Liviana.

  No humana.

  No sombra.

  No luz.

  Un mensajero del Crepúsculo.

  Uno real.

  Su cuerpo era delgado, hecho de líneas blancas que vibraban con un ritmo propio, como si estuviera compuesto por hilos tensados que sostenían un lenguaje vivo.

  No tenía ojos.

  Pero lo miraba.

  A Syra.

  El mensajero levantó su mano hecha de líneas.

  Apenas un gesto.

  Y el mundo inhaló.

  Literalmente.

  El viento retrocedió.

  Las luces se detuvieron.

  El valle contuvo la respiración.

  La figura habló:

  —“Portador del Filo Que Acepta Lo Que Es.”

  Syra abrió la boca, sorprendido.

  Yo sentí cómo su pecho tensó una verdad que todavía no entiende.

  El mensajero continuó:

  —“La Primera Espada te ha despertado.

  El eco ha cambiado.

  La línea se ha movido.

  Las otras fuerzas ya te sienten.”

  Syra tragó saliva.

  —Ashy… eso no suena bien.

  —Porque no lo es —respondió el mensajero, como si hubiese escuchado su pensamiento.

  Yo me acerqué, luz encendida.

  —Habla claro.

  ?Quién lo sintió?

  El mensajero inclinó la cabeza.

  —“Los que duermen debajo de los reinos.

  Los que observan desde los bordes.

  Los que te esperaban desde antes de nacer.”

  Syra dio un paso al frente, sin miedo.

  —?Qué… quieren ellos?

  El mensajero extendió un dedo hacia él.

  Y lo se?aló.

  —“Quieren probar si mereces sostener lo que acabas de despertar.”

  Silencio.

  Un silencio que dolió.

  Entonces, Syra respiró.

  Hondo.

  Serio.

  Listo.

  —Dime, Ashy…

  si vienen a probarme…

  —No “si”.

  Van a venir.

  Syra levantó la mirada hacia el cielo donde la línea oscura había caído.

  Su respiración cambió.

  Más firme.

  Más consciente.

  Más… completa.

  —Entonces que vengan.

  No fue desafío.

  Fue aceptación.

  El mensajero bajó su mano.

  —“El primero llegará pronto.”

  Y sin despedida…

  Se deshizo en líneas de luz que se disolvieron en el viento.

  Syra exhaló despacio.

  —Ashy…

  —Lo sé.

  —?Va a doler?

  —Todo lo que importa duele un poco, Syra.

  él sonrió apenas.

  No orgulloso.

  Convencido.

  —Perfecto.

  Caminó hacia adelante, hacia el punto donde la grieta del mensajero se había cerrado sola.

  Yo lo seguí.

  El viento del Crepúsculo empezó a moverse otra vez…

  pero esta vez con un ritmo distinto.

  Como si supiera que el portador ya no camina hacia su verdad.

  La arrastra con él.

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